martes, 22 de marzo de 2016

10. Escribe sobre un recuerdo de tu niñez.

¡Es una injusticia! ¡Menuda falta de ética y de moral la de este niño!
Estábamos en la guardería, como siempre a estas horas. Ya habíamos dormido la siesta y era la hora de ir a jugar. Este día me tocaba ser peluquera de las muñecas. A Barbie le hice dos coletas, habría querido que fueran trenzas pero todavía no sé. La muñeca grande quería que le tiñeran el pelo, así que cogí los rotuladores y se los pase por las raíces para que diera un acabado más moderno. La profesora me echó la bronca después de esto, no debe ser muy moderna.
Cuando terminé con la sesión de estética, fui al parque y subí al tobogán. Al llegar arriba me paré un momento a pensar de qué forma lanzarme hoy. Entonces apareció Karim por detrás amenazandome, me dijo que me tirara ya o me empujaría. Y justo cuando ya sabía de qué forma tirarme, me empujó. Y caí por el tobogán de una forma feísima, incluso me hice algo de daño en la cabeza.
Pero lejos de enfadarme y llorar, fui valiente y me tomé la justicia por mi mano.
Me oculté detrás de los bloques esperando el momento justo. Y cuando Karim de volvía a subir al tobogán, salí corriendo para llegar y empujarlo cuando él estaba arriba.
La victoria es mía una vez más.

jueves, 10 de marzo de 2016

9. Describe tu hogar de ensueño como si estuvieras viviendo en el ahora (en presente).

Me despierto en una apacible oscuridad bañada por el trino de los pájaros tras mi ventana. Él ya se ha levantado hace un rato pero yo, perezosa, conseguí que se me permita remolonear un poco, como de costumbre.
Aprieto el interruptor que sube la persiana y, poco a poco, la luz del sol inunda la habitación. Los árboles del jardín están habitados por varias familias de pájaros, tal y como pensaba. Al fondo del paisaje, el eterno mar.

Me quedo un rato tumbada contemplando las vistas a través de la cristalera frente a la cama. Este es uno de mis pequeños placeres, ver el mundo desde mi cama. Jamás me han gustado los muros ni las paredes.

Me levanto unos minutos más tarde y, mientras camino por el pasillo, oigo a los niños jugando abajo. El olor a café me invade y llego a la cocina como si hubiera ido flotando. Ahí está él, desayunando mientras lee un libro. Hay tostadas, cereales, zumo y café recién hecho.
- Buenos días, preciosa. ¿Qué tal has dormido?
- Genial, he descansado muchísimo.
- Me alegro, te hacía falta.

Me sirvo el desayuno y me siento a tomarlo cuando él se levanta y me da un beso en la frente. Abre las ventanas blancas de la cocina y la brisa veraniega me roza la cara suavemente.
- Gracias cariño, hace un día estupendo.
- Sí. ¿Te apetece que vayamos a la playa más tarde?
- Pues la verdad es que sí, vayamos todos después de comer.
- Hecho, voy a decírselo a los niños.

Se dirige al salón mientras le doy un último sorbo al café. Desde la sala llega un grito de "¡bien!" de los pequeños, que se alegran por la excursión. Me levanto y recojo mis vasos del desayuno, escucho cómo la estampida que son mis hijos corre hacia donde estoy.
- ¡Mamá, dice papá que luego vamos a ir a la playa a bañarnos!
-Sí, cariño, después de comer iremos. ¿Por qué no vais al jardín a jugar? Hace muy buen día.

Y todos salimos al jardín, lleno de olores a flores y a mar y vientecillo estival.
Me siento en mi hamaca y dejo que el sol me abrace.
Felicidad.